Alismas de Esmeralda Berbel

written by Sonia junio 17, 2019
Alismas de Esmeralda Berbel
Dice la definición de Alismas que la palabra es un sustantivo femenino (en botánica) y se define como una planta perenne acuática que pertenece a la familia de las alismatáceas con hojas flotantes y totalmente sumergidas, las flores contienen seis estambres, hermafroditas y su fruto es un aquenios. Dice además que esta planta crece en los terrenos pantanosos, que tiene hojas acorazonadas y flores blanquecinas y que su rizoma tiene un principio amargo que cura la epilepsia.

Y dice Esmeralda Berbel que la primera vez que topó con esta palabra, Alisma, fue cuando de niña leía el Dioscorides, se sintió muy intrigada y buscó su significado en el diccionario.

-Este libro lo escribiste inspirada por la botánica que descubriste al tener cerca el libro Dioscorides renovado ¿Cómo fue ese momento en el que sentiste el impulso de escribirlo?

Sí, esa fue mi inspiración inicial. Fue algo bastante natural, leía las propiedades de alguna planta que me llamaba la atención el nombre, Arácea, Alisma, Anémona, Nuez negra…. y me fascinaba el lenguaje popular y tan específico del libro y cada relato me parecía que lo que le ocurría a la planta también le ocurría a la mujer.

-Las mujeres tienen un lugar protagonista junto con las plantas ¿Por qué ese mundo es femenino?

La planta, La flor, La savia, La raíz, La corola, La hoja…. me decanté por el artículo que nos suscribe, soy una mujer, tengo una hija, somos nosotras las que hacemos algo inaudito y salvaje, parir, nutrir, curar, amar, salvarnos… En el libro hay también personajes masculinos: el doctor que se funde con la mujer hiedra, el tío que ve un bosque irse, el padre de una niña… y está en esta segunda edición en la portada la foto de mi padre, el que me dio, también la vida.

Pero preferí centrarme en nosotras, las flores. Como dijo una vez un profesor mío: Hacedlo vosotras. Se refería a que nos ocupemos nosotras de dar voz a las mujeres, a las ocultas.

-Al leer los relatos haces que entremos en un universo particular con sus propias reglas, da la sensación de que el proceso de escritura debió  de ser muy introspectivo.

Alisma

Alisma

Escribí este libro cuando mi hija tenía 8 años, no era mi periodo más instrospectivo pero ella ya iba a la escuela y pude robar horas a la mañana para escribir. Escribir para mí es introspectivo, siempre lo es, solo que el relato me permite concentrarme unas horas y poder acabarlo, esas eran las horas que tenía entonces. Ahora mi hija tiene 24 años, organizo mi tiempo como quiero, así que mi escritura ha cambiado, puedo dedicar más horas, más Siempre meto la cabeza hasta el fondo en el universo que escribo, el corazón cómo no, también.

-Se publicó por primera vez hace más de veinte años con otra editorial ¿crees que fue comprendido lo que querías decir?

Entonces tuvo su público, minoritario, pero lo tuvo. Sé que es un libro difícil porque está muy lleno de simbolismos, es críptico, lírico, hay que entrar en él como se entra en una selva. Cada una con lo que lleva encima y al lado. Eso creo.

-En los relatos aparecen palabras y verbos que son de “tu propia cosecha” como “amapolar”.

Me encanta inventar.

-Hay otro relato que se titula “desarrancarse”. Desarrancarse ¿es como dejar ir? ¿Es necesario dejar ir para crecer?

Sí. Y hay que volver a inventarse cuando dejas ir lo que amas. Hay que amapolarse una y otra vez. Todo en rojo. También es necesario dejar ir lo que no te hace ningún bien. Desarrancar esa agonía. Eso sí que es importante. Y saber que es lo mejor para seguir andando por los valles.

-Esmeralda, este libro de relatos ha sido publicado este año por segunda vez Ediciones Godall ¿Cómo te has sentido al volver a caminar tan cerca de un manuscrito que escribiste en otro tiempo?

Lo siento extraño. Bonito. Maravilloso. Como bañarse dos veces en un mar limpio. Nunca es lo mismo. El mar, las dos veces, es un misterio. Y sorprendida de que la escritura de entonces sea también una escritura de ahora.

-¿Qué ha cambiado en la Esmeralda que escribió esos relatos y la Esmeralda de hoy?

Todo. Tuve que desarrancarme, dejar crecer la hiedra, no había doctor que curara eso, poner lunarias, amar otros bosques. Todo.

-¿Y qué siguen teniendo en común?

El amor y el respeto por mi trabajo.

-En mi opinión este libro nos habla de autoconocimiento, hay una frase al final del relato titulado “Cereza”: “Saber algo acerca de una misma”. ¿Es difícil llegar a saber algo sobre nosotros mismos?

Sí. Siento que cambio, que no me gusto, que tengo que ponerme de acuerdo, que querría ser de una manera y soy de otra, que no acepto la realidad, que no me gusta y que a la vez me levanto todos los días cuando entra la luz y cojo mi bicicleta y voy a nadar, leo, hago mi trabajo, amo profundamente a mi gente y tengo una hija maravillosa, entonces llego a mí, me miro y sé que estoy haciendo lo correcto, lo que es bueno para mí. No es fácil pero es hermoso.

-Algunas personas que estuvieron cerca de ti cuando se publicó por primera vez comentaron que lo sentían tan cerca ahora y tan actual como en aquel momento ¿Cómo te hace sentir esto?

En el momento en que salió el libro muchas mujeres quedaron fascinadas, dos bailarinas bailaron un cuento, yo recité varias veces el último libro, estuvimos a punto de llevarlo a escena, a teatro, mis amigas recuerdan Alismas con amor y eso me hace sentir muy querida, muy en paz.

-Hiedra, Magnolia, Mandrágora ¿qué serías si pudieras elegir?

Sin ninguna duda, Hiedra. Es la Madreselva. La que busca la luz.

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